Bienvenidos

¡Bienvenidos! Este no es un blog de repostería creativa al uso. Aquí tenéis una mezcla de dos aficiones: los postres y escribir lo primero que se me viene a la cabeza. Echadle un poquito de azúcar y humor a vuestras vidas, seguro que os sentiréis mejor. ¡Gracias por leerme!

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Un abrazo... Dulcemente

martes, 2 de abril de 2013

Y EL PREDICTOR DIJO... ¡SÍ!

            ¡Qué bonito es eso de estar embarazada!
…si no fuera porque, de repente, pasas de ser una mujer hecha y derecha, moderna, sofisticada, madura y equilibrada a ser un trozo de carne vapuleada vilmente por un hatajo de hormonas embravecidas y puñeteras.

            Y es que, estás ahí, en el sofá, viendo la tele tranquilamente y sale un anuncio de potitos ¡y ya la hemos liado! Venga a llorar y a llorar. Que parece que nos han metido en la casa de “gran hermano” y ahí estamos... ¡magnificando sentimientos!
            Como, cuando estás embarazada, tienes el cuerpo como vuelto del revés, os traigo unos Cake pops que van boca abajo. Además llevan “sorpresa” dentro  (por motivos más que evidentes) Estos son unos Red Velvet Cheesecake-pops. (Por contentar a una hermana mía bastante poco anglosajónica y nada angloparlante, lo traduzco: Pops de bizcocho terciopelo rojo y tarta de queso) Asombrosamente delicioso.




            Pero volvamos al tema que nos ocupa. Os preguntaréis por qué me lío a hablar de embarazos y no de las focas-monje, por ejemplo. Muy sencillo. De un tiempo a esta parte, han florecido como setas los embarazos a mi alrededor. (Aviso importante: chicas, aunque no vaya a citaros directamente con nombres y apellidos, este post es para vosotras) Últimamente, mi trabajo parece la sala de espera del ginecólogo. Yo paso con mucho cuidadito, despacito, despacito, no sea que se me pegue. Lo bueno de tener embarazadas cerca es que te permite hacer hueco en el armario. He pasado mi caja de ropa pre-mamá a una de ellas y ya me estoy relamiendo de gusto con la cantidad de espacio extra que tendré cuando encasquete todo lo relacionado con el bebé...

     
       Cuando te quedas embarazada, la matrona te dice, entre otras cosas: “puedes comer de todo”. Entonces te vas con tu chico a cenar por ahí para celebrar la buena noticia. Coges la carta y empiezas:
- “Mmmm… Ensalada no, no sea que esté mal lavada. ¡Carpacchio! Mmm tampoco, está crudo; una ración de jamón... ¡oh, Dios mío, no! ¡nada de embutidos!. ¿Qué tal un poco de shusi? ¡pescado! ¡ni hablar! ¿y si no ha estado congelado?... Estonces llega el solícito camarero y no te queda más remedio que pedir, abochornada, un poco de agua (mineral, of course) y un cacho de pan... “Oiga, no, mire, que mejor me voy a mi casa, que tengo unas ganas de vomitar...”
            Luego llega tu madre. Y le intentas explicar el por qué de cada uno de los consejos que te han dado. Tu madre te mira, te escucha, y, cuando terminas, te dice: “Pues en mis tiempos no hacíamos nada de eso y ¡ya ves! Cinco hijos bien sanotes”. Y se da la vuelta meneando la cabeza. Y tú te quedas ahí plantada, con cara de lela, pensando en una réplica ingeniosa que no llega.

            Pero no todo es negativo. Quedarse preñada también mola. Es genial que todo el mundo te cuide, te mime, esté pendiente de ti. “No, mujer, siéntate” “¿Qué dices de limpiar cristales? ¡Quita, quita! Ya voy yo a tu casa y les doy un repasito. Y de paso, te plancho” “¿Quieres un cojín para los pies?” “Ya recojo yo la mesa, ve y échate una siesta”. Es maravilloso. No hace falta ni poner cara de pena... claro que, a todo cerdo le llega su San Martín. Y cuando nace el niño, la madre ya no está. Desaparece, finito, caput. Ya solo hay ojos para el bebé. Llama una tía/amiga/prima/”loquesea” y te dice “¡oye! ¿vas a estar en casa? Esta tarde voy a verte” ¡Será mentirosa! ¡Si solo te quiere para que le abras la puerta! Y ahí tienes a tu tía/amiga/prima/”loquesea” agarrada como un aguilucho al borde de la cuna mirando a tu bebé. A ti no te queda otra que sentarte en el sofá junto a tu santo, que con cara contrita te dice: “Bienvenida al universo paralelo de los padres olvidados. Yo llegué hace nueve meses... No te preocupes, al final, te acostumbras”

            Lo que resulta altamente curioso es la cantidad de maneras de nombrar el hecho.
-          Primero está llamarlo “embarazo”, que es la más común. Significa que eres una embarazada más en el exclusivo clan de las embarazadas chorreantes de hormonas. Pero, a mí me parece que llamarlo embarazo es como muy corriente, muy del montoncillo...
-          Me gusta mucho más lo de “estar encinta”. Si estás encinta tienes permanentemente cara angelical. Ni vomitas, ni se te hinchan las piernas, ni te salen manchas coloradas en la cara. Incluso no necesitarás ni hacerte las raíces. ¿Ves un cuadro de una Virgen de Murillo? Pues así.
-          También puedes decir: “estado de buena esperanza”. Pero entonces, serás una mujer en blanco y negro y la vecina de arriba es Gracita Morales. En la cara te saldrá “paño” y no estarás de “x semanas”, si no, de “x faltas”.
-          La que mola un montón es: estado de “gravidez”. Si eres una mujer grávida, seguro que eres científica de la N.A.S.A., llevas gafas y fuiste la primera de tu promoción. Tendrás hipertrofia mamaria y cloasma gravídico.
-          Y por último. Estar “preñada”. Suena a campestre, naturaleza, aire puro... Estar preñada es el colmo de la pertenencia a la especie de los mamíferos.


Cuando te quedas embarazada no puedes parar de pensar en si será niña o niño. Hasta aquí todo normal. El problema, en mi caso, era doble. O tenía un ser hermafrodita que mutaba de sexo, volviéndome loca, o quizá tenía cuatro niños y cinco niñas dentro (aproximadamente, claro) y alguno debe seguir ahí escondidillo, porque, que yo sepa, la matrona solo sacó uno. Y es que hay varias pruebas de irrefutable eficacia e indiscutible base científica para determinar el sexo del bebé. Y siempre hay varias personas cercanas con irrebatible experiencia en cada una de ellas. Que yo recuerde: La prueba del péndulo oscilante me dijo que sería niña; el calendario chino, que niño; el calendario maya, niña; tripa redonda, niña; cara afeada, niño (con lo cual, yo me mosquearía si te dicen “tienes cara de tener un niño”); pies fríos, niño; te apetecen dulces, niña; la interpolación estelar del ascendente del padre con la fase lunar en el momento de la gestación, niño; y una prima de Cuenca que le daba el pálpito de que iba a ser niña.
Ahora que lo pienso, menos mal que el veredicto solo tiene dos soluciones, hucha o peseta. Si la especie humana constara de cinco sexos diferentes, no me quiero ni imaginar el estado de la salud mental de la embarazada.



Otro tema interesante durante el embarazo: los antojos.
Dicen que si no se complace un antojo a una embarazada, el bebé nace con una mancha en la piel con la forma del deseo no satisfecho. Tres meses, ¡tres! me tiré sin dormir. Dando vueltas y vueltas en la cama. Rezando para que mi niño no saliera con un antojo en forma de “viaje a una playa caribeña con palmera”. Y eso que se supone que eres una mujer hecha y derecha, moderna, sofisticada, madura y equilibrada que no cree en paparruchas… En todo caso, el invento de los antojos está muy bien pensado porque ya que:

1.- Eres TÚ la que se va a poner como un botijo
2.- Eres TÚ a la que se le van a hinchar los tobillos hasta parecer columnas salomónicas.
3.- Eres TÚ la que tendrá las tetas que te van a preceder un par de palmos.
4.- Eres TÚ quien va a tener más sueño que en toda su vida presente y futura.
5.- Eres TÚ a quién se le acabó el dormir de un tirón durante una buena temporada.

Por lo tanto, que EL RESTO DE LA HUMANIDAD te baile un poquito el agua y se movilice para conseguirte cebolla frita, pepinillos en vinagre, cacahuetes o una piña colada 0,0% con sombrillita o lo que sea. Así que: mujer, si estás embarazada, encinta, preñada, grávida o en estado de buena esperanza, pide por esa boquita. ¡Es tu oportunidad!

Sea como sea, esta vez no me queda otra opción que terminar este post igual que lo he empezado (con el corazón en la mano). ¡Que bonito es eso de estar embarazada!

Un abrazo... Dulcemente



miércoles, 13 de marzo de 2013

PARA "ESOS LOCOS BAJITOS" (CONTINUACIÓN)

     Aquí tenéis la segunda parte del cuento. Para el que no haya leído el principio, puede pinchar aquí para coscarse de qué va el invento. Y como no, lo adorno con galletas decoradas con glasa real.
     Sin más preámbulos ni circunloquios, ahí va el desenlace de...

FWESKI (O LO QUE PUEDE PASAR SI UN
EXTRATERRESTRE VIENE A LA TIERRA) II

Aquí es donde viene lo más interesante de mi inspección a la Tierra. Anonadado observé como, con una especie de palito blanco, se ponía a escribir en la pared negra. (En Ganímedes nos dan clase con hologramas, no se escribe en las paredes) ¡Estaba fascinado! Necesitaba hacerme con uno de esos palitos para sorprender a los ganimedianos y, de paso, llevarme una “Matrícula de Honor Estelar” en mi trabajo. Pero no podía hacerlo hasta que no terminara la clase, con lo que, me senté en el suelo a esperar mientras pensaba en la cara que pondría Gimli “el Mocos” cuando me viera con mi flamante “Matrícula de Honor Estelar”.



             No sé el tiempo que pasó porque me quedé dormido, pero jamás he tenido un despertar tan agitado. Primero, sonó una alarma a tal volumen que poco faltó para provocarme una parada cardiaca. Después tuve ocasión de degustar de nuevo el griterío que los humanos son capaces de producir. Antes de darme cuenta, todos los terrícolas habían salido al recreo. Estábamos solos la maestra y yo. Se levantó despacito de su silla. Ahora su cara era de necesitar unas vacaciones pagadas. Me dio un poquito de pena. Al fin y al cabo, me sentía un poco culpable de lo acontecido en esas horas. Me acerqué a ella con afán conciliador y le intenté animar con unos golpecillos en la espalda. No lo conseguí. Se puso muy tiesa y se giró bruscamente hacia mí. Ya no había ni rastro de cara de necesitar vacaciones. En realidad se parecía mucho a la cara que puso mi padre cuando le dije que le había arreglado yo los frenos de su nave. Entonces caí en la cuenta de que debe de ser un pelín desconcertante que “nadie” te dé golpecitos en la espalda. Anotación mental: “¿quieres hacer el favor de ser discreto de una vez?”


La maestra salió de la clase y me dejó solo. A partir de entonces fui discreto a más no poder. Sin humanos a mi alrededor, me atreví a coger el palito y escribir “chúpate esa” pensando en Gimli, “el Mocos”. ¡Qué chulada! Me metí el palito blanco en el bolsillo. Y una cajita llena de ellos que me encontré en un cajón. Aprovechando que el resto de aulas estaban vacías, arramblé con todos los palitos blancos que encontré. Esto marcaría un antes y un después en Ganímedes. Yo creo que, además de mi “Matrícula de Honor Estelar” iba a entrar en los anales de la historia como el intrépido explorador espacial que llevó los palitos blancos al planeta. Gimli “el mocos” se iba  a poner verde de envidia...

La atronadora alarma volvió a sonar y yo, haciendo un genial alarde de discrección, me aparté prudentemente a un ladito del pasillo para no hacer tropezar a nadie más y salí al exterior por la primera ventana que pillé. Una pena tener que ser invisible porque la atravesé dando un salto con doble tirabuzón de flipar.

Ya estaba en el patio, desierto de terrícolas. Caminando pegadito a la pared eché a andar hacia el bosquecillo donde estaba “el Pichón”. Fue entonces cuando me surgió una duda. ¿Pintarían en los ladrillos? Emocionado, estampé en la fachada un “chúpate esa” bastante grande. ¡Sííííí! ¡¡Funcionan!! “Chúpate esa” “chúpate esa” “chúpate esa”... en pequeño, en mediano, varias veces. Así hasta que llegué a mi nave medio oculta entre matojos y arbolillos.

Y aquí estoy ahora, en “el Pichón”. No he contado la cantidad de palitos que me llevo, pero son muchos. Creo que voy a comer el bocata y a echar una buena siesta antes de salir a inspeccionar otra vez.


13:00

He tenido que activar la salida inmediata. Vuelvo a Ganímedes a toda castaña. Me han pillado. Esa es la bochornosa realidad. Mira que he intentado ser discreto.

Varias cosas han llevado a los terrícolas a dar conmigo y con mi nave. Para empezar, no ha sido muy buena idea llevarme todas las “tizas” (curioso nombre dan los terrícolas a mis palitos blancos) del colegio. Debí haber dejado unas pocas. ¡Ay! ¡La avaricia, qué mala es! Luego, el ir dejando un rastro de pintadas que dirigían directamente a “el Pichón” no ha sido muy discreto. Asociar la falta de tizas y mis encendidas proclamas pintadas en la pared, no les ha llevado ni cinco minutos. Para terminar, lo que yo pensaba que era un bosquecillo sin importancia, no era otro que el huerto escolar. Por lo visto, he aterrizado encima de una plantación de calabazas de los de cuarto curso. Y para remate del tomate, a pesar de ser mi nave de color verde, se debía ver estupendamente ya que asomaba un poquito más que “el pico de arriba”, como pensé yo en un principio.

-          ¡Sal de ahí, graciosillo!
-          ¡Y saca ese trasto del huerto ahora mismo!
-          ¡Devuelve las tizas inmediatamente!
-          ¡Veremos a quién le dices “chúpate esa”, descarado!

Todo esto lo escuché desde mi nave mientras aporreaban la puerta. Estaban enfadados, muy enfadados. Y eran muchos. Todo el colegio en pleno. Con Director y Jefe de estudios y todo. Se quedaron un poco pálidos al verme (supongo que porque no se imaginaban a un ganimediano en su huerto y porque nosotros somos de color azul, no esa especie de rosa-amarillento tan poco favorecedor). Pero al ser más en número y no tener yo ganas de líos, les dije que lo lamentaba mucho, que no lo repetiría más, que ahí tenian sus tizas, que lo de “chúpate esa” iba por Gimli “el Mocos”, que, por favor, no dijeran nada a nadie y que me iba inmediatamente y que adiós, buenos días. Cerré la puerta raudo y veloz y, como alma que lleva el diablo, tomé las de Villadiego.

¡En fin! Una pena. Pero yo soy un extraterrestre con recursos, no creáis. Cuando devolví las tizas a los terrestres, escondí pícaramente dos de ellas en el bolsillo de atrás del pantalón. A veces me sorprende mi propia sagacidad. Lo malo es que, cuando me senté para tomar los mandos de “el Pichón” se rompieron una en tres pedazos y la otra en dos. No me importa mucho, porque he comprobado que funcionan igual.

Y ahora vuelvo a Ganímedes. A mi casita. Decidido a pasarle las tizas por el morro a Gimli “el Mocos”, decidido a aprobar de una vez “Conocimiento del Medio Interestelar” con una redacción apabullante (aunque tenga que adornarla un poquito) y decidido a convertirme en el Héroe Interplanetario del momento.

FIN


EPÍLOGO: Trabajo de Fwesky presentado para la asignatura “Conocimiento del Medio Interestelar”
He emprendido un peligrosísimo viaje al planeta Tierra. He sometido a un escrupuloso estudio a sus habitantes. He expuesto mi integridad a un sinfín de peligros. Y he conseguido sacar una serie de conclusiones que paso a enumeraros ahora:
1.- Los terrícolas también van al colegio
2.- A los terrícolas no les gusta nada que un ganimediano invisible lance por los aires su papelera. (Nota: la papelera es una especie de cilindro metálico que no he podido averiguar para qué sirve)
3.- Los terrícolas gritan muchísimo si un ganimediano  invisible lanza por los aires su papelera (aunque sea sin querer)
4.- Los terrícolas pueden ser tan miopes como mi abuelo Higi y usan también remiendaóculos.



5.- A los terrícolas no les gusta nada que un ganimediano invisible les toque la espalda (aunque sea un acto totalmente inocente y amigable)

6.- Los terrícolas pintan en las paredes y no pasa nada (ni los meten en la cárcel ni nada) con unos palitos blancos, a los que llaman "tizas", de los cuales traigo una amplia muestra para vuestro asombro.

En general ha sido un viaje productivo. Pero me ha dicho mi abuelo Higi que está muy feo quitarle los remiendaóculos a la gente. Que qué va a hacer la maestra sin sus remiendaóculos. Que si me parecía bonito dejar a la pobre cegata perdida y que debo devolverlos sin tardanza. Ante todos estos argumentos, volveré a la Tierra en breve. Y prometo no aterrizar sobre ningún huerto y, sobre todo, ser discreto.

jueves, 28 de febrero de 2013

PARA "ESOS LOCOS BAJITOS"

            Seguidores, simpatizantes, lectores de mi blog, amigos todos: Con vuestro permiso, este no es un post para vosotros. Lo lamento. En esta ocasión he decidido dejar mis reflexiones para otro momento y liarme la manta a la cabeza para cambiar de tercio. Esta entrada es para los niños. Voy a contar un cuento. “¿Y eso?” preguntaréis ojipláticos. Varias razones tengo en mi interior: que me ha brotado, que me apetecía, que soy un poco masoca y que en breve llegan las comuniones (y algún/a niño/a que otro/a va a celebrar ese día tan especial en la infancia...). Dicho lo cual: niños y niñas, espero que este relatillo, que voy a dividir en dos capítulos, os guste (también espero que os gusten las galletas que van a acompañarlo). Nada más, ¡valor y al toro!



FWESKI (O LO QUE PUEDE PASAR SI UN
EXTRATERRESTRE VIENE A LA TIERRA)


-    Bip, bip, biiiiiip.
-    Nave interestelar “Pichón Centenario” llamando a planeta Ganímedes. Cambio.
-    Brrrrr fsssss biiiiiiiiiip fsssssssssssssssssssss bip biiiip.
-    Nave interestelar “Pichón Centenario” llamando a planeta Ganímedes. Cambio.
-    Biip biiiiiip brrrruuuuurrrrr fssss.
-    ¡Maldito cacharro! A ver si dándole unos golpecillos al potenciómetro intercomunicador...
Pom, pom, pom.
-    Fssss bip bip
POM, POM, POM.
-    (Fsss) Planeta Ganímedes (brrrr) llamando a Fweski (fssss) ¿qué son esos golpes? Cambio. (Fssss)
-    Fweski a la escucha. El potenciómetro intercomunicador funciona a la virulé. He tenido que darle un escarmiento. Cambio
-    Déjate de tonterías, Fweski. Comunique (fuurrrsss) el estado de la misión (fsss). Cambio.
-    Acabo de visualizar el planeta Tierra.
-    (fsss) ¡Perfecto! Continúe su (fsss) cometido y recuerde: ¡sea discreto! (fssss). Cambio.
-    De acuerdo. Cambio y corto.




8:30 horas.

            Aquí comienza el Cuaderno de Bitácora de Fweski, habitante del planeta Ganímedes. Hace unos minutos he avistado la Tierra desde mi nave, “El Pichón Centenario”, y hacia allí me dirijo. Tengo que presentar un informe detallado de los terrícolas, (cómo son y cómo viven) para la asignatura de “Conocimiento del Medio Interestelar” del colegio. Llevo ya dos cates, pero con este trabajito seguro que me ponen un sobresaliente. Y se lo pasaré por los morros a Gimli “el Mocos” que se tiene muy creído lo de ser el que mejor notas saca.


            Debo ser discreto. Ningún terrícola debe darse cuenta de mi presencia. Para ello podré utilizar la “invisibilización integral”. De ese modo seré invisible para los humanos y camparé a mis anchas entre ellos. Mi primo Zúminski me enseñó la antigua técnica ganimediana de la “invisibilización integral” (tirar de la oreja derecha y taparse la nariz). Compleja al principio, pero muy útil en general.

            Debo dejar de escribir este Cuaderno de Bitácora si no quiero esmorrarme contra el suelo terrestre. Voy a aterrizar. ¡Qué emoción!

9:00 horas.

            Querido Cuaderno de Bitácora. He escondido al “Pichón Centenario” en una especie de bosquecillo muy pequeño. Creo que asoma un poco la punta, pero como el Pichón es verde también, espero que disimule y nadie lo vea.

            Desde la ventanilla de mi nave veo un edificio cercano. ¡Estoy emocionado! ¡Voy a conocer de primera mano a los terrícolas! ¡Allá voooy!



11:00 horas.

            Querido Cuaderno de Bitácora. Ya estoy de vuelta en el “Pichón”.
He ido hasta el edificio. Es un colegio. Lo averigüé al asomarme a la ventana y ver un montón de terrícolas sentados en pupitres, mirando todos en la misma dirección, salvo dos: uno que miraba atentamente algo en el techo y el otro, la maestra, que miraba a los terrícolas. Me disponía a atravesar el cristal (porque los gaminedianos atravesamos cristales) cuando me percaté de que era aún visible. ¡Casi la lío! Debo ser más cuidadoso si quiero pasar desapercibido. Hice una anotación mental en mi cerebro: “Ser discreto, recuerda, ser discreto”. Me invisibilicé pero algo salió mal. No sé si será algún gas de la atmósfera terrestre o qué, pero en mi forma invisible no consigo ver bien. Todo son como bultos borrosos. Me visibilicé e invisibilicé varias veces, y nada. Borroso, todo borroso. Finalmente, pensé que sería mejor que entrara de una vez y dejara de hacer el tonto. Al final me iban a pillar y me estaba quedando helado. Además ver borroso no es tan grave. Mi abuelo Higi es miope perdido, lleva remiendaóculos todo el día y no pasa nada.


Entre los nervios que tenía y lo cegato que estaba, lo primero que hice al atravesar el cristal fue meter el pie en una especie de cilindro que había en el suelo. Observé el extraño objeto. Era metálico, bastante bonito, pero muy incómodo para caminar con él. Asi que decidí sacar el pie. Pero no tuve éxito. El cilindro se aferraba a mi zapatilla como los mocos a la nariz de Gimli “el Mocos”. Así que tiré y tiré con mis manos hasta que salió despedido por los aires armando un gran estruendo. Nada comparado con al guirigay que se preparó en el aula:
-    ¡La papelera!¡La papelera!
-    ¿Quién ha sido?
-    ¡La papelera ha volado!
-    ¡Silencio niños!
-    ¡Cómo ha molado!
-    ¡Ella sola, señorita, ha volado sola!
-    ¡Silencio!

Yo usé otra antigua técnica gaminediana, muy útil en los casos en que puedes salir malparado: huir. Salí escopetado hacia la parte delantera de la clase tropezando con tres sillas, un pupitre y cinco mochilas que estaban en el suelo, lo cual provocó más confusión entre los terrícolas. Finalmente aterricé contra la mesa de la maestra. Con el golpetazo en plena nariz, me visibilicé. Lo noté porque de repente lo veía todo claro, lo que me permitió descubrir unos remiendaóculos como los de mi abuelo Higi encima de la mesa de la maestra. Rápido como el viento me los puse y volví a invisibilizarme. ¡Perfecto! ¡Veía estupendamente! Ahora me sería más fácil cumplir mi misión.


En esos procesos me hallaba cuando me percaté de que dos terrícolas (para ser más exactos, una terrícola y un terrícola) me miraban. Mejor dicho; miraban hacia donde yo estaba. Porque yo acababa de invisibilizarme. Lo recordaba perfectamente. Soy despistadillo pero no tanto. ¿Me habrían visto cuando me arreé contra la mesa? Espero que no. E inmediatamente repetí mi anotación mental: “ser discreto, ser discreto, SER D-I-S-C-R-E-T-O.”

Parece que la calma regresaba al aula. La maestra tornaba a su mesa a buen paso y con cara de necesitar unas vacaciones. Yo juro que lo intenté (y prometo ser rápido en mis movimientos) pero, entre el canguelo de la sospecha de haber sido visto y lo veloz de la caminata de la maestra, no conseguí retirarme a tiempo. La pobrecilla tropezó con el mismo pinrel que quedó atrapado en el cilindro y fue trastabillando en un “parece que me caigo, parece que no” hasta que tomó apoyo en la pared negra del fondo y logró guardar el equilibrio y la compostura. La estruendosa carcajada fue silenciada de inmediato con un golpe seco de la mano sobre la mesa y las palabras:

-          ¡¡Examen sorpresa!!

Aquí es donde viene lo más interesante de mi inspección a la Tierra...

CONTINUARÁ...



(Nota final para los mayores: Aunque no lo pretendía, este relato me ha recordado a una novela del genial Eduardo Mendoza, “Sin noticias de Gurb”. Si no la habéis leído, es pecado. Y si después de esta recomendación no la leéis, no tenéis perdón.)




Un abrazo... Dulcemente.


miércoles, 20 de febrero de 2013

LO QUE PASA CUANDO LLUEVE

   (Nota previa: Voy a hablar de la lluvia. Y siempre que hablo de lluvia se me autoconexionan las neuronas y me acuerdo de Galicia. Por eso mismo, este post va para mi amiga Rocío, su hermana Maruxiña y Lola, porque tienen la suerte de vivir "onde se acaba o mar".)

Y la lluvia hace charcos y en los charcos
saltan las ranas (y los "ranos")
   Llueve. Hoy llueve y llueve como si no hubiera un mañana. En el cole nos decían que la lluvia es muy buena. Que crecen las flores, que se limpia el aire... ¡Qué mentira! A mi la lluvia me rompió el geranio de la ventana y ¿quién me explica que limpie el aire si deja los cristales hechos un asco?. Pero si nos atrevemos a decir "¡vaya peñazo!¡está lloviendo!" siempre habrá algún "pepito grillo" que nos haga quedar como unos desalmados respondiendo: "quita, quita, que es muy bueno para el campo y limpia el aire..."

  A mi no es que me importe un pepino el campo. (De hecho, una buena vez, un amigo me catalogó como la persona "más ecologista, medioambiental  y biodegradable que conocía"). Y no es que quiera ser más que Dios, en su infinita sabiduría, pero me parece más inteligente que llueva sólo en el campo. Y si el aire anda un poco guarreras, pues que llueva en la ciudad de 12 a 6 de la madrugada. Mucho más práctico, dónde va a parar.

Cake Pops-Ranas rellenos de naranja
 La verdad es que nos fastida. Nos fastidia mucho que llueva. Nos fastidia tener que llevar paraguas. Los paraguas son unos inventos creados por el propio Lucifer en su día más retorcido. Pasas de ser una persona autosuficiente a ser un pobre "pringao" que no es capaz de empujar el carro de la compra desde el super a casa y llevar el paraguas sin mojarse. Y si es de tipo bastón y deja de llover, eres de los más avezados malabaristas de "El circo del sol" llevando el carro y manteniendo el paraguas mojado lejos del cuerpo con el brazo tieso al mismo tiempo.

   Y ¿qué me dices de los paraguas plegables? Ahí Lucifer se pasó siete pueblos con el género humano. Inventar un paraguas que no vale para nada y que se da la vuelta cuando sopla un poco de aire, es de ser muy mala persona... Es curioso. Todos sabemos lo endebles que son pero no podemos evitar pensar: "bueno, pa´un apuro me vale". Pues no, no vale. ¿Cómo va a servir un paraguas ingobernable? Asi que, a ver si dejamos de regalar paraguas plegables a nuestras madres, que es de ser un poco mal hijo... Y, pensándolo bien... lo llamamos paraguas plegable, pero a mi se me ocurre un nombre más acertado y definitorio: "paraguas ausonia".  Al fin y al cabo, también son de un solo uso...


   Pero lo más temible de los días de lluvia son los paraguas ajenos. Y dentro del amplio grupo de "los paraguas ajenos", dan más miedo que una reunión de vecinos las "señoras champiñón". Si el hombre desciende del mono, las señoras champiñón descienden de los soldados romanos cuando iban en formación cerrada con sus escudos. Ellas van despaciiito, pero no se detienen ante nada. Si tienen que arrollar, arrollan. Impasibles, estóicas, imperturbables...  sin miramientos, pero despaciiito. Cada vez que veo aproximarse a una, me tiemblan las cañillas. Yo no sé si prefiero arrojarme a la carretera entre las ruedas de un camión o seguir adelante y arriesgarme a perder mi integridad física y/u ocular.


  Pero lo peor viene cuando deja de llover. Vas tan tranquilo por la calle, con tu paraguas-bastón alejado de tu cuerpo (haciendo biceps) y de repente... ¡zas! goterón inusitadamente gélido que da de lleno en el cogote y resbala por tu espalda... ¡qué agradable sensación de frescor! Es... ¡como un anuncio de champú anticaspa!

  ¿Os acordáis de esos chinos de "humor amarillo" que tenían que cruzar un río saltando piedras?¿Y no os resulta sospechosamente parecido a caminar por una calle embaldosada? Porque tú vas creyéndote más listo que nadie vigilando las cornisas y/o tejadillos expendedores de gráciles gotitas y ¡zas! ¡la baldosa escupidora! (Por supuesto, llevas puestos esos zapatos de ante taaan bonitos y taaan nuevos). Y es que a veces, caminar por la calle se parece mucho a un videojuego...

  De todas formas, si ha de llover, pues prefiero que me pille en Galicia, porque quiere decir que estoy de vacaciones. Porque alli, llueva o no, se está la mar de agustito.

Por cierto, que Rocío y Maruxiña son las manitas de que
Xelda, Feitura Artesá haga estas cosas tan bonitas.
Entra en su página de Facebook pinchando aquí.
Además, que no hace falta irse hasta Galicia para tener una,
¡¡que te lo mandan por correo!! (que son muy listas ellas)

  Un abrazo... Dulcemente.

miércoles, 6 de febrero de 2013

SAN VALENTÍN O EL ANGELOTE ESE RUBIO MEDIO EN PELOTILLAS...

  (Nota previa: Podría dedicar este post a mi vecina del 5º, pero en un alarde de originalidad extrema, se lo dedico a mi santo y al día en que el angelote ese rubio medio en pelotillas la lió pero bien)

Cake Pop de oreo. No digo más









  Enamoramiento: acción o efecto de enamorar o enamorarse... Eso dice la Real Academia Española. Esclarecedor a más no poder... Señores de la RAE: pongan ustedes "estado de apijotamiento cerebral con entumecimiento de las funciones mentales básicas" que es mucho más convincente, dónde va a parar.

  Pues eso. Que hoy vamos a hablar de amor. De enamorarse. De poner cara de tontos, en definitiva. Y es que esto de enamorarse es algo muy bonito. Por eso, de adolescentes, lo escribimos en las puertas de los baños (que es el sitio más bonito que se nos ocurre). Y entre el "Marta, eres más fea que un pie" y "deja de leer esto, que llegas tarde a clase" colocas un inspirado "Rebe X Mario" dentro de un florido corazón ornamentado con una flecha (y si eres un poco caguetas pones "RXM").


Esto sí que ha sido amor a primera vista.
Galletas de tarta de queso con arándanos...

Blueberry cheesecookies y ¡olé!














   Y es que la época del instituto da mucho juego en esto del enamorarse. Todos nos hemos enamorado en el instituto. Todos nos hemos pirrado por ese macizo de C.O.U. (que no nos hacía ni puñetero caso, por otro lado). El que niegue que ha dedicado la canción de moda de "los cuarenta principales" al objeto de sus suspiros, miente como un bellaco. (En mis años adolescentes OBK graznaba eso de "historias de amor...". Y era lo más romántico del mundo...)

Love, love, love...
  


   Cuando crecemos, las cosas cambian y miramos con ojillos condescendientes esos comportamientos adolescentes. Ya somos maduros y sabemos que, el enamoramiento es algo fugaz, con lo que ya no nos molestamos en escribir en las puertas de los baños. ¿Y cuánto dura el enamoramiento? Científicos de todo el mundo han estudiado esto y unos dicen que dos años, otros que tres, otros que uno y medio... Yo, que de científica tengo poco, pero de observadora tengo bastante, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que el enamoramiento dura lo que tarda en estropearse un pijama. Y me explico:


Por mucha turbación del ánimo que nos encienda de rojo el rostro, debemos reconocer que todos tenemos un pijama de felpilla. Es más, todos tenemos un pijama de felpilla con pelotillas. Incluso me atrevería a decir, que todos tenemos un pijama de felpilla con pelotillas con la goma "flojindanguis". Pues bien, ese pijama desaparece por arte de magia cuando nos enamoramos. Vamos a una tienda y nos compramos un nuevo y flamante pijama que lucimos con el pecho inflado. Pero a ese pijama empiezan a salirle pelotillas con el paso del tiempo. Primero una pequeñita, luego otra, luego una gorda, se afloja la gomilla... y de repente nuestro flamante pijama se ha convertido en un nuevo pijama de felpilla con pelotillas y la goma "flojindanguis". Pero no vamos corriendo a la tienda a por uno nuevo... Es exáctamente en ese momento de omisión del deber, donde el enamoramiento se ha terminado.

Y vamos por la casa con nuestro pijama, arrastrando los pies y haciendo las cosas que hemos negado que hacíamos a nuestrx enamoradx por los siglos de los siglos,  como remeterse la pernera de nuestro pijama de felpilla con pelotillas y goma "flojindanguis" por dentro de los calcetines.




   Lo bueno que tiene eso de enamorarse es que, en mi caso, aunque no me haya comprado un nuevo pijama, mi santo, que anda con él con las perneras remetidas por dentro de los calcetines, me sigue queriendo. Porque, en definitiva, no es lo mismo enamorarse que amar. ¡Ahí queda eso!

Un abrazo, Dulcemente.

¡Mirad cómo son por dentro!.
Absolutamente irresistibles.
 (Nota final: una foto que no puedo resistirme a poner: mi niño haciendo galletas. Y él no tiene pijama de felpilla con pelotillas y goma "flojindanguis" (los deja canijos antes de darse uno cuenta). Será por eso por lo que mi santo y yo seguimos enamorados de él y, además, lo queremos con locura!)