Bienvenidos

¡Bienvenidos! Este no es un blog de repostería creativa al uso. Aquí tenéis una mezcla de dos aficiones: los postres y escribir lo primero que se me viene a la cabeza. Echadle un poquito de azúcar y humor a vuestras vidas, seguro que os sentiréis mejor. ¡Gracias por leerme!

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Un abrazo... Dulcemente

viernes, 21 de junio de 2013

LO PARANORMAL


            ¡Ay majetes! ¡Qué atareada está la vida! Hace un montonazo que no posteo, y no por falta de ganas, sino de tiempo... Os pido disculpas. Pero ya estoy aquí otra vez. En esta ocasión os quería enseñar unas cookies de chocolate. Recetas de cookies de chocolate hay unas doscientasmil en la web, pero yo os recomiendo la que Guille (compañero de fatigas laborales) nos propone en su blog (pinchad aquí). Y, por supuesto, echad un vistazo al resto de recetas que tiene. Hay una de “migas rápidas con chorizo” que... ¡mmmmm!


Los más espabilados que han leído el título del blog dirán que qué tienen de paranormal unas simples cookies. Pues, francamente, nada, pero podemos disfrutar del antagonismo de “unas simples cookies” y el fascinante y prodigioso mundo de lo paranormal. Porque, queridos amigos; hoy voy a hablar de lo paranormal. Sí, sí, no me he vuelto loca. En todo caso, mis sinapsis neuronales funcionan como antes. Es sólo que he tenido que agachar la cerviz ante ciertos fenómenos esotéricos que nos rodean a diario. Los que me seguís en mis andanzas blogueras, ya sabéis que he interpelado en varias ocasiones a los científicos de la NASA. Pues bien, vamos a dar un pasito más: Científicos de la NASA, científicos del CERN, científicos del mundo, amantes de las ciencias físicas, químicas y cuánticas, sabios, eruditos, doctos en general... Os lanzo un reto: ¿tendrías la amabilidad de encontrar una explicación científica a los hechos que expondré a lo largo de este post? Son hechos que nos acontecen a diario, que yo, en mi esplendorosa necedad, solo puedo atribuir a “los mengues”. (Conste que esto de los “mengues” me lo ha inculcado mi santo y su familia, que no lo he inventado yo) “Los mengues” son unos seres invisibles, inoloros, incoloros e insípidos y, por supuesto, paranormales, que hacen cosas paranormales para hacernos la vida mucho más... digamos... paranormal.


 
            Dicho lo cual, comenzaré mi disertación con el fenómeno paranormal más democrático de todos: “la evaporación de los objetos”. Digo que es democrático porque a esta rareza se la trae al pairo si peinas canas o tienes el acné a flor de piel; si eres chinito, blanquito o negrito; no diferencia entre sexos, religión u orientación sexual.  Incluso le resbala si eres de “frigo-dedo” o de “frigo-pié”. La “evaporación de los objetos” consiste en que tú estás tranquilamente preparandote el desayuno, por ejemplo. Le quitas el taponcillo a la caja de leche y... ¡vaya por Dios! Se te resbala de las manos. Ves como el taponcillo va rodando, rodando, rodando, hasta colarse bajo la mesa/silla/armario/”loquesea”. Te diriges a buscarlo y ¡oh fatalidad! ¡ha desaparecido!. Y corres la silla, mueves la mesa, arrastras tripa por el suelo tipo geo... en busca del taponcillo. Pero todo esfuerzo es improductivo. Sencillamente, no está, se ha evaporado, volatilizado, esfumado, sin rastro... No es cuestión de andarse rasgando las vestiduras por un taponcillo, la verdad, pero es que ahí no acaba la cosa. Porque el taponcillo aparece. ¡Claro que aparece! Justamente ahí. En bajo esa silla/mesa/armario/”loquesea” por donde lo viste desaparecer (y por donde, quizá, has pasado la escoba y la fregona un montón de veces).



Mi explicación científico-paranormal: los “mengues” necesitan intensamente un taponcillo para adivine usted qué. Ven uno bajo la mesa/silla/armario/”loquesea” y se lo apropian. Cuando ya no lo necesitan más, lo devuelven (porque los mengues, ademas de invisibles, inoloros, incoloros e insípidos y paranormales, son muy educaditos)




           El segundo fenómeno esotérico es algo que me trae a mi de cabeza. Este es más selectivo en cuanto a sus víctimas se refiere, porque solo nos ocurre a aquellos que llevamos bolso. El funcionamiento de este incidente paranormal es simple: jamás encontrarás a la primera lo que buscas. Es así. Vas a abrir la puerta de casa y sacas la lista de la compra. Buscas el monedero y saldrán los “clinex”. Vas a dar fuego a un/una mazotas/buenorra en (la puerta de) un bar y exhibirás un pintalabios/cargador de móvil. ¿Necesitas un boli? Pues ¡a ver como te las apañas con un tampax!.



La cosa es mucho peor si eres madre y llevas el típico bolso de “madre”. Las madres vamos a pagar en el super y vamos sacando: un rimel; dos o tres paquetes de pañuelos; el móvil; unas gafas de sol; la funda de las gafas de sol; las mini-toallitas húmedas; una botella (pequeña, gracias a Dios) de agua; unas galletas anti-rabietas de emergencia; alguna monedilla suelta; un “puñao” de tiquets antiguos, papelillos de cajero automático, envoltorios de caramelos y/o chicles que conforman el colchoncillo-base del fondo del bolso. Por no hablar de la peonza del mayor y el gusi-luz del pequeño. Y como te toque enseñar la tarjetita de puntos que llevas enganchada al llavero... pues se han dado casos de madres que han encontrado una copia en casette del primer disco de Mecano, no te digo más.



Pero da igual que sea un bolso tipo “madre” (o alforja); o esos bolsitos tan monos (que las madres envidiamos); o los bolsos de los chicos, con mil compartimentos, cremalleras, velcros e, icluso, mosquetones (la “mariconera”, como decía mi padre, de toda la vida, vamos); o esas riñoneras colocadas justamente debajo de los abdominales (sí, abdominales, dejémoslo así).



Mi explicación científico-paranormal: Los “mengues” viven en los bolsos. Es su hábitat natural. Cada bolso tiene su “mengue” y allí se aburren bastante. Asi que se entretienen acercándote a la mano las cosas que van pillando. Y se parten, claro porque los “mengues”  ademas de invisibles, inoloros, incoloros e insípidos y paranormales, son unos cachondos.

En todo caso, los únicos que se libran son un tipo muy especial de bolso: los coquetuelos, pero absolutamente inoperantes, bolsos de boda.  Pero, claro, eso no tiene mérito porque un “mengue” no entra ahí. En los bolsos de boda solo caben los “clinex” para llorar a moco y baba en cuanto uno entra a la iglesia. Punto.



Para terminar con este mundo de “cuarto milenio” en el que nos hallamos, hablaré un poco del fenómeno más paranormal de todos los fenómenos paranormales que hay: la lavadora. La lavadora no es solo una ingeniosa máquina en la que metes la ropa sucia y sale limpia ¡Nooooo! La lavadora es la puerta a una cuarta dimensión clarisimamente. Vamos a ver. Tú vas a poner una lavadora. Metes la ropa. Echas el jabón, el suavizante, el antical, el “oxi-accion”, el potenciador de color, el anti transvasador de colores y toda la parentela de productos. Das al botoncillo de “empezar a lavar” y te vas tranquilamente a otra cosa. Cuando termina, sacas la ropa, la tiendes y la "destiendes". Pero cuando te dispones a doblar la calcetinada de turno... ¿dónde está la pareja de alguno de los calcetines? ¿Eh? ¿Dónde está? No falla, oye. Siempre hay algún calcetín que sale solitario del tambor...



Mi explicación científico-paranormal: La cosa es diáfana como la luz del día. Se van a otra dimensión. Al limbo de los calcetines. Supongo que allí se toman un descansito, piensan en sus cosas, reflexionan sobre su arrastrada y, en ocasiones, olorosa vida. Seguramente se pregunten esas cosas trascendentales de la vida, a saber: “¿quién soy?... ¿de dónde vengo?... ¿a dónde voy?... ¿Por qué ese tiene dibujitos y yo soy liso?... ¿Por qué se me afloja la gomilla?... ¿Por qué (si se trata de un calcetín tipo ejecutivo) no se me afloja la gomilla ni “pa´Dios”?... ¿En qué momento se extinguieron los calcetines con dedos?...¡Buf! voy a tomarme un “peusek on the rocks” que me estoy estresando” Y, cuando ya han cargado pilas, vuelven por donde habían escapado, esto es, la lavadora. Y es entonces cuando, un buen día, te encuentras con que el calcetín perdido ha vuelto y puedes volver a juntar gozosamente a la pareja de calcetines.



En este caso, mi explicación científico-paranormal nada tiene que ver con los “mengues” si no fuera porque son precisamente ellos quienes abren y cierran la puerta de la cuarta dimensión para que los calcetines vayan con un poco de orden a tomarse ese merecido descansito. Si no fuera por ellos el tráfico “interdimensional” sería un despiporre. Y es que los “mengues” son  invisibles, inoloros, incoloros e insípidos,  paranormales y se parecen mucho a un portero de discoteca de moda de TriBeCa (con pinganillo y todo, no te creas. Que organizar la cuarta dimensión no es moco de pavo).






No puedo terminar este post sin antes comentaros una última cosilla. La desaparición en décimas de segundo de las cookies de chocolate no fue nada paranormal en absoluto. Nos las zampamos mi santo, mi niño y yo tan ricamente. Los “mengues” andaban organizando mi bolso de madre....

Un abrazo... Dulcemente.


martes, 2 de abril de 2013

Y EL PREDICTOR DIJO... ¡SÍ!

            ¡Qué bonito es eso de estar embarazada!
…si no fuera porque, de repente, pasas de ser una mujer hecha y derecha, moderna, sofisticada, madura y equilibrada a ser un trozo de carne vapuleada vilmente por un hatajo de hormonas embravecidas y puñeteras.

            Y es que, estás ahí, en el sofá, viendo la tele tranquilamente y sale un anuncio de potitos ¡y ya la hemos liado! Venga a llorar y a llorar. Que parece que nos han metido en la casa de “gran hermano” y ahí estamos... ¡magnificando sentimientos!
            Como, cuando estás embarazada, tienes el cuerpo como vuelto del revés, os traigo unos Cake pops que van boca abajo. Además llevan “sorpresa” dentro  (por motivos más que evidentes) Estos son unos Red Velvet Cheesecake-pops. (Por contentar a una hermana mía bastante poco anglosajónica y nada angloparlante, lo traduzco: Pops de bizcocho terciopelo rojo y tarta de queso) Asombrosamente delicioso.




            Pero volvamos al tema que nos ocupa. Os preguntaréis por qué me lío a hablar de embarazos y no de las focas-monje, por ejemplo. Muy sencillo. De un tiempo a esta parte, han florecido como setas los embarazos a mi alrededor. (Aviso importante: chicas, aunque no vaya a citaros directamente con nombres y apellidos, este post es para vosotras) Últimamente, mi trabajo parece la sala de espera del ginecólogo. Yo paso con mucho cuidadito, despacito, despacito, no sea que se me pegue. Lo bueno de tener embarazadas cerca es que te permite hacer hueco en el armario. He pasado mi caja de ropa pre-mamá a una de ellas y ya me estoy relamiendo de gusto con la cantidad de espacio extra que tendré cuando encasquete todo lo relacionado con el bebé...

     
       Cuando te quedas embarazada, la matrona te dice, entre otras cosas: “puedes comer de todo”. Entonces te vas con tu chico a cenar por ahí para celebrar la buena noticia. Coges la carta y empiezas:
- “Mmmm… Ensalada no, no sea que esté mal lavada. ¡Carpacchio! Mmm tampoco, está crudo; una ración de jamón... ¡oh, Dios mío, no! ¡nada de embutidos!. ¿Qué tal un poco de shusi? ¡pescado! ¡ni hablar! ¿y si no ha estado congelado?... Estonces llega el solícito camarero y no te queda más remedio que pedir, abochornada, un poco de agua (mineral, of course) y un cacho de pan... “Oiga, no, mire, que mejor me voy a mi casa, que tengo unas ganas de vomitar...”
            Luego llega tu madre. Y le intentas explicar el por qué de cada uno de los consejos que te han dado. Tu madre te mira, te escucha, y, cuando terminas, te dice: “Pues en mis tiempos no hacíamos nada de eso y ¡ya ves! Cinco hijos bien sanotes”. Y se da la vuelta meneando la cabeza. Y tú te quedas ahí plantada, con cara de lela, pensando en una réplica ingeniosa que no llega.

            Pero no todo es negativo. Quedarse preñada también mola. Es genial que todo el mundo te cuide, te mime, esté pendiente de ti. “No, mujer, siéntate” “¿Qué dices de limpiar cristales? ¡Quita, quita! Ya voy yo a tu casa y les doy un repasito. Y de paso, te plancho” “¿Quieres un cojín para los pies?” “Ya recojo yo la mesa, ve y échate una siesta”. Es maravilloso. No hace falta ni poner cara de pena... claro que, a todo cerdo le llega su San Martín. Y cuando nace el niño, la madre ya no está. Desaparece, finito, caput. Ya solo hay ojos para el bebé. Llama una tía/amiga/prima/”loquesea” y te dice “¡oye! ¿vas a estar en casa? Esta tarde voy a verte” ¡Será mentirosa! ¡Si solo te quiere para que le abras la puerta! Y ahí tienes a tu tía/amiga/prima/”loquesea” agarrada como un aguilucho al borde de la cuna mirando a tu bebé. A ti no te queda otra que sentarte en el sofá junto a tu santo, que con cara contrita te dice: “Bienvenida al universo paralelo de los padres olvidados. Yo llegué hace nueve meses... No te preocupes, al final, te acostumbras”

            Lo que resulta altamente curioso es la cantidad de maneras de nombrar el hecho.
-          Primero está llamarlo “embarazo”, que es la más común. Significa que eres una embarazada más en el exclusivo clan de las embarazadas chorreantes de hormonas. Pero, a mí me parece que llamarlo embarazo es como muy corriente, muy del montoncillo...
-          Me gusta mucho más lo de “estar encinta”. Si estás encinta tienes permanentemente cara angelical. Ni vomitas, ni se te hinchan las piernas, ni te salen manchas coloradas en la cara. Incluso no necesitarás ni hacerte las raíces. ¿Ves un cuadro de una Virgen de Murillo? Pues así.
-          También puedes decir: “estado de buena esperanza”. Pero entonces, serás una mujer en blanco y negro y la vecina de arriba es Gracita Morales. En la cara te saldrá “paño” y no estarás de “x semanas”, si no, de “x faltas”.
-          La que mola un montón es: estado de “gravidez”. Si eres una mujer grávida, seguro que eres científica de la N.A.S.A., llevas gafas y fuiste la primera de tu promoción. Tendrás hipertrofia mamaria y cloasma gravídico.
-          Y por último. Estar “preñada”. Suena a campestre, naturaleza, aire puro... Estar preñada es el colmo de la pertenencia a la especie de los mamíferos.


Cuando te quedas embarazada no puedes parar de pensar en si será niña o niño. Hasta aquí todo normal. El problema, en mi caso, era doble. O tenía un ser hermafrodita que mutaba de sexo, volviéndome loca, o quizá tenía cuatro niños y cinco niñas dentro (aproximadamente, claro) y alguno debe seguir ahí escondidillo, porque, que yo sepa, la matrona solo sacó uno. Y es que hay varias pruebas de irrefutable eficacia e indiscutible base científica para determinar el sexo del bebé. Y siempre hay varias personas cercanas con irrebatible experiencia en cada una de ellas. Que yo recuerde: La prueba del péndulo oscilante me dijo que sería niña; el calendario chino, que niño; el calendario maya, niña; tripa redonda, niña; cara afeada, niño (con lo cual, yo me mosquearía si te dicen “tienes cara de tener un niño”); pies fríos, niño; te apetecen dulces, niña; la interpolación estelar del ascendente del padre con la fase lunar en el momento de la gestación, niño; y una prima de Cuenca que le daba el pálpito de que iba a ser niña.
Ahora que lo pienso, menos mal que el veredicto solo tiene dos soluciones, hucha o peseta. Si la especie humana constara de cinco sexos diferentes, no me quiero ni imaginar el estado de la salud mental de la embarazada.



Otro tema interesante durante el embarazo: los antojos.
Dicen que si no se complace un antojo a una embarazada, el bebé nace con una mancha en la piel con la forma del deseo no satisfecho. Tres meses, ¡tres! me tiré sin dormir. Dando vueltas y vueltas en la cama. Rezando para que mi niño no saliera con un antojo en forma de “viaje a una playa caribeña con palmera”. Y eso que se supone que eres una mujer hecha y derecha, moderna, sofisticada, madura y equilibrada que no cree en paparruchas… En todo caso, el invento de los antojos está muy bien pensado porque ya que:

1.- Eres TÚ la que se va a poner como un botijo
2.- Eres TÚ a la que se le van a hinchar los tobillos hasta parecer columnas salomónicas.
3.- Eres TÚ la que tendrá las tetas que te van a preceder un par de palmos.
4.- Eres TÚ quien va a tener más sueño que en toda su vida presente y futura.
5.- Eres TÚ a quién se le acabó el dormir de un tirón durante una buena temporada.

Por lo tanto, que EL RESTO DE LA HUMANIDAD te baile un poquito el agua y se movilice para conseguirte cebolla frita, pepinillos en vinagre, cacahuetes o una piña colada 0,0% con sombrillita o lo que sea. Así que: mujer, si estás embarazada, encinta, preñada, grávida o en estado de buena esperanza, pide por esa boquita. ¡Es tu oportunidad!

Sea como sea, esta vez no me queda otra opción que terminar este post igual que lo he empezado (con el corazón en la mano). ¡Que bonito es eso de estar embarazada!

Un abrazo... Dulcemente



miércoles, 13 de marzo de 2013

PARA "ESOS LOCOS BAJITOS" (CONTINUACIÓN)

     Aquí tenéis la segunda parte del cuento. Para el que no haya leído el principio, puede pinchar aquí para coscarse de qué va el invento. Y como no, lo adorno con galletas decoradas con glasa real.
     Sin más preámbulos ni circunloquios, ahí va el desenlace de...

FWESKI (O LO QUE PUEDE PASAR SI UN
EXTRATERRESTRE VIENE A LA TIERRA) II

Aquí es donde viene lo más interesante de mi inspección a la Tierra. Anonadado observé como, con una especie de palito blanco, se ponía a escribir en la pared negra. (En Ganímedes nos dan clase con hologramas, no se escribe en las paredes) ¡Estaba fascinado! Necesitaba hacerme con uno de esos palitos para sorprender a los ganimedianos y, de paso, llevarme una “Matrícula de Honor Estelar” en mi trabajo. Pero no podía hacerlo hasta que no terminara la clase, con lo que, me senté en el suelo a esperar mientras pensaba en la cara que pondría Gimli “el Mocos” cuando me viera con mi flamante “Matrícula de Honor Estelar”.



             No sé el tiempo que pasó porque me quedé dormido, pero jamás he tenido un despertar tan agitado. Primero, sonó una alarma a tal volumen que poco faltó para provocarme una parada cardiaca. Después tuve ocasión de degustar de nuevo el griterío que los humanos son capaces de producir. Antes de darme cuenta, todos los terrícolas habían salido al recreo. Estábamos solos la maestra y yo. Se levantó despacito de su silla. Ahora su cara era de necesitar unas vacaciones pagadas. Me dio un poquito de pena. Al fin y al cabo, me sentía un poco culpable de lo acontecido en esas horas. Me acerqué a ella con afán conciliador y le intenté animar con unos golpecillos en la espalda. No lo conseguí. Se puso muy tiesa y se giró bruscamente hacia mí. Ya no había ni rastro de cara de necesitar vacaciones. En realidad se parecía mucho a la cara que puso mi padre cuando le dije que le había arreglado yo los frenos de su nave. Entonces caí en la cuenta de que debe de ser un pelín desconcertante que “nadie” te dé golpecitos en la espalda. Anotación mental: “¿quieres hacer el favor de ser discreto de una vez?”


La maestra salió de la clase y me dejó solo. A partir de entonces fui discreto a más no poder. Sin humanos a mi alrededor, me atreví a coger el palito y escribir “chúpate esa” pensando en Gimli, “el Mocos”. ¡Qué chulada! Me metí el palito blanco en el bolsillo. Y una cajita llena de ellos que me encontré en un cajón. Aprovechando que el resto de aulas estaban vacías, arramblé con todos los palitos blancos que encontré. Esto marcaría un antes y un después en Ganímedes. Yo creo que, además de mi “Matrícula de Honor Estelar” iba a entrar en los anales de la historia como el intrépido explorador espacial que llevó los palitos blancos al planeta. Gimli “el mocos” se iba  a poner verde de envidia...

La atronadora alarma volvió a sonar y yo, haciendo un genial alarde de discrección, me aparté prudentemente a un ladito del pasillo para no hacer tropezar a nadie más y salí al exterior por la primera ventana que pillé. Una pena tener que ser invisible porque la atravesé dando un salto con doble tirabuzón de flipar.

Ya estaba en el patio, desierto de terrícolas. Caminando pegadito a la pared eché a andar hacia el bosquecillo donde estaba “el Pichón”. Fue entonces cuando me surgió una duda. ¿Pintarían en los ladrillos? Emocionado, estampé en la fachada un “chúpate esa” bastante grande. ¡Sííííí! ¡¡Funcionan!! “Chúpate esa” “chúpate esa” “chúpate esa”... en pequeño, en mediano, varias veces. Así hasta que llegué a mi nave medio oculta entre matojos y arbolillos.

Y aquí estoy ahora, en “el Pichón”. No he contado la cantidad de palitos que me llevo, pero son muchos. Creo que voy a comer el bocata y a echar una buena siesta antes de salir a inspeccionar otra vez.


13:00

He tenido que activar la salida inmediata. Vuelvo a Ganímedes a toda castaña. Me han pillado. Esa es la bochornosa realidad. Mira que he intentado ser discreto.

Varias cosas han llevado a los terrícolas a dar conmigo y con mi nave. Para empezar, no ha sido muy buena idea llevarme todas las “tizas” (curioso nombre dan los terrícolas a mis palitos blancos) del colegio. Debí haber dejado unas pocas. ¡Ay! ¡La avaricia, qué mala es! Luego, el ir dejando un rastro de pintadas que dirigían directamente a “el Pichón” no ha sido muy discreto. Asociar la falta de tizas y mis encendidas proclamas pintadas en la pared, no les ha llevado ni cinco minutos. Para terminar, lo que yo pensaba que era un bosquecillo sin importancia, no era otro que el huerto escolar. Por lo visto, he aterrizado encima de una plantación de calabazas de los de cuarto curso. Y para remate del tomate, a pesar de ser mi nave de color verde, se debía ver estupendamente ya que asomaba un poquito más que “el pico de arriba”, como pensé yo en un principio.

-          ¡Sal de ahí, graciosillo!
-          ¡Y saca ese trasto del huerto ahora mismo!
-          ¡Devuelve las tizas inmediatamente!
-          ¡Veremos a quién le dices “chúpate esa”, descarado!

Todo esto lo escuché desde mi nave mientras aporreaban la puerta. Estaban enfadados, muy enfadados. Y eran muchos. Todo el colegio en pleno. Con Director y Jefe de estudios y todo. Se quedaron un poco pálidos al verme (supongo que porque no se imaginaban a un ganimediano en su huerto y porque nosotros somos de color azul, no esa especie de rosa-amarillento tan poco favorecedor). Pero al ser más en número y no tener yo ganas de líos, les dije que lo lamentaba mucho, que no lo repetiría más, que ahí tenian sus tizas, que lo de “chúpate esa” iba por Gimli “el Mocos”, que, por favor, no dijeran nada a nadie y que me iba inmediatamente y que adiós, buenos días. Cerré la puerta raudo y veloz y, como alma que lleva el diablo, tomé las de Villadiego.

¡En fin! Una pena. Pero yo soy un extraterrestre con recursos, no creáis. Cuando devolví las tizas a los terrestres, escondí pícaramente dos de ellas en el bolsillo de atrás del pantalón. A veces me sorprende mi propia sagacidad. Lo malo es que, cuando me senté para tomar los mandos de “el Pichón” se rompieron una en tres pedazos y la otra en dos. No me importa mucho, porque he comprobado que funcionan igual.

Y ahora vuelvo a Ganímedes. A mi casita. Decidido a pasarle las tizas por el morro a Gimli “el Mocos”, decidido a aprobar de una vez “Conocimiento del Medio Interestelar” con una redacción apabullante (aunque tenga que adornarla un poquito) y decidido a convertirme en el Héroe Interplanetario del momento.

FIN


EPÍLOGO: Trabajo de Fwesky presentado para la asignatura “Conocimiento del Medio Interestelar”
He emprendido un peligrosísimo viaje al planeta Tierra. He sometido a un escrupuloso estudio a sus habitantes. He expuesto mi integridad a un sinfín de peligros. Y he conseguido sacar una serie de conclusiones que paso a enumeraros ahora:
1.- Los terrícolas también van al colegio
2.- A los terrícolas no les gusta nada que un ganimediano invisible lance por los aires su papelera. (Nota: la papelera es una especie de cilindro metálico que no he podido averiguar para qué sirve)
3.- Los terrícolas gritan muchísimo si un ganimediano  invisible lanza por los aires su papelera (aunque sea sin querer)
4.- Los terrícolas pueden ser tan miopes como mi abuelo Higi y usan también remiendaóculos.



5.- A los terrícolas no les gusta nada que un ganimediano invisible les toque la espalda (aunque sea un acto totalmente inocente y amigable)

6.- Los terrícolas pintan en las paredes y no pasa nada (ni los meten en la cárcel ni nada) con unos palitos blancos, a los que llaman "tizas", de los cuales traigo una amplia muestra para vuestro asombro.

En general ha sido un viaje productivo. Pero me ha dicho mi abuelo Higi que está muy feo quitarle los remiendaóculos a la gente. Que qué va a hacer la maestra sin sus remiendaóculos. Que si me parecía bonito dejar a la pobre cegata perdida y que debo devolverlos sin tardanza. Ante todos estos argumentos, volveré a la Tierra en breve. Y prometo no aterrizar sobre ningún huerto y, sobre todo, ser discreto.

jueves, 28 de febrero de 2013

PARA "ESOS LOCOS BAJITOS"

            Seguidores, simpatizantes, lectores de mi blog, amigos todos: Con vuestro permiso, este no es un post para vosotros. Lo lamento. En esta ocasión he decidido dejar mis reflexiones para otro momento y liarme la manta a la cabeza para cambiar de tercio. Esta entrada es para los niños. Voy a contar un cuento. “¿Y eso?” preguntaréis ojipláticos. Varias razones tengo en mi interior: que me ha brotado, que me apetecía, que soy un poco masoca y que en breve llegan las comuniones (y algún/a niño/a que otro/a va a celebrar ese día tan especial en la infancia...). Dicho lo cual: niños y niñas, espero que este relatillo, que voy a dividir en dos capítulos, os guste (también espero que os gusten las galletas que van a acompañarlo). Nada más, ¡valor y al toro!



FWESKI (O LO QUE PUEDE PASAR SI UN
EXTRATERRESTRE VIENE A LA TIERRA)


-    Bip, bip, biiiiiip.
-    Nave interestelar “Pichón Centenario” llamando a planeta Ganímedes. Cambio.
-    Brrrrr fsssss biiiiiiiiiip fsssssssssssssssssssss bip biiiip.
-    Nave interestelar “Pichón Centenario” llamando a planeta Ganímedes. Cambio.
-    Biip biiiiiip brrrruuuuurrrrr fssss.
-    ¡Maldito cacharro! A ver si dándole unos golpecillos al potenciómetro intercomunicador...
Pom, pom, pom.
-    Fssss bip bip
POM, POM, POM.
-    (Fsss) Planeta Ganímedes (brrrr) llamando a Fweski (fssss) ¿qué son esos golpes? Cambio. (Fssss)
-    Fweski a la escucha. El potenciómetro intercomunicador funciona a la virulé. He tenido que darle un escarmiento. Cambio
-    Déjate de tonterías, Fweski. Comunique (fuurrrsss) el estado de la misión (fsss). Cambio.
-    Acabo de visualizar el planeta Tierra.
-    (fsss) ¡Perfecto! Continúe su (fsss) cometido y recuerde: ¡sea discreto! (fssss). Cambio.
-    De acuerdo. Cambio y corto.




8:30 horas.

            Aquí comienza el Cuaderno de Bitácora de Fweski, habitante del planeta Ganímedes. Hace unos minutos he avistado la Tierra desde mi nave, “El Pichón Centenario”, y hacia allí me dirijo. Tengo que presentar un informe detallado de los terrícolas, (cómo son y cómo viven) para la asignatura de “Conocimiento del Medio Interestelar” del colegio. Llevo ya dos cates, pero con este trabajito seguro que me ponen un sobresaliente. Y se lo pasaré por los morros a Gimli “el Mocos” que se tiene muy creído lo de ser el que mejor notas saca.


            Debo ser discreto. Ningún terrícola debe darse cuenta de mi presencia. Para ello podré utilizar la “invisibilización integral”. De ese modo seré invisible para los humanos y camparé a mis anchas entre ellos. Mi primo Zúminski me enseñó la antigua técnica ganimediana de la “invisibilización integral” (tirar de la oreja derecha y taparse la nariz). Compleja al principio, pero muy útil en general.

            Debo dejar de escribir este Cuaderno de Bitácora si no quiero esmorrarme contra el suelo terrestre. Voy a aterrizar. ¡Qué emoción!

9:00 horas.

            Querido Cuaderno de Bitácora. He escondido al “Pichón Centenario” en una especie de bosquecillo muy pequeño. Creo que asoma un poco la punta, pero como el Pichón es verde también, espero que disimule y nadie lo vea.

            Desde la ventanilla de mi nave veo un edificio cercano. ¡Estoy emocionado! ¡Voy a conocer de primera mano a los terrícolas! ¡Allá voooy!



11:00 horas.

            Querido Cuaderno de Bitácora. Ya estoy de vuelta en el “Pichón”.
He ido hasta el edificio. Es un colegio. Lo averigüé al asomarme a la ventana y ver un montón de terrícolas sentados en pupitres, mirando todos en la misma dirección, salvo dos: uno que miraba atentamente algo en el techo y el otro, la maestra, que miraba a los terrícolas. Me disponía a atravesar el cristal (porque los gaminedianos atravesamos cristales) cuando me percaté de que era aún visible. ¡Casi la lío! Debo ser más cuidadoso si quiero pasar desapercibido. Hice una anotación mental en mi cerebro: “Ser discreto, recuerda, ser discreto”. Me invisibilicé pero algo salió mal. No sé si será algún gas de la atmósfera terrestre o qué, pero en mi forma invisible no consigo ver bien. Todo son como bultos borrosos. Me visibilicé e invisibilicé varias veces, y nada. Borroso, todo borroso. Finalmente, pensé que sería mejor que entrara de una vez y dejara de hacer el tonto. Al final me iban a pillar y me estaba quedando helado. Además ver borroso no es tan grave. Mi abuelo Higi es miope perdido, lleva remiendaóculos todo el día y no pasa nada.


Entre los nervios que tenía y lo cegato que estaba, lo primero que hice al atravesar el cristal fue meter el pie en una especie de cilindro que había en el suelo. Observé el extraño objeto. Era metálico, bastante bonito, pero muy incómodo para caminar con él. Asi que decidí sacar el pie. Pero no tuve éxito. El cilindro se aferraba a mi zapatilla como los mocos a la nariz de Gimli “el Mocos”. Así que tiré y tiré con mis manos hasta que salió despedido por los aires armando un gran estruendo. Nada comparado con al guirigay que se preparó en el aula:
-    ¡La papelera!¡La papelera!
-    ¿Quién ha sido?
-    ¡La papelera ha volado!
-    ¡Silencio niños!
-    ¡Cómo ha molado!
-    ¡Ella sola, señorita, ha volado sola!
-    ¡Silencio!

Yo usé otra antigua técnica gaminediana, muy útil en los casos en que puedes salir malparado: huir. Salí escopetado hacia la parte delantera de la clase tropezando con tres sillas, un pupitre y cinco mochilas que estaban en el suelo, lo cual provocó más confusión entre los terrícolas. Finalmente aterricé contra la mesa de la maestra. Con el golpetazo en plena nariz, me visibilicé. Lo noté porque de repente lo veía todo claro, lo que me permitió descubrir unos remiendaóculos como los de mi abuelo Higi encima de la mesa de la maestra. Rápido como el viento me los puse y volví a invisibilizarme. ¡Perfecto! ¡Veía estupendamente! Ahora me sería más fácil cumplir mi misión.


En esos procesos me hallaba cuando me percaté de que dos terrícolas (para ser más exactos, una terrícola y un terrícola) me miraban. Mejor dicho; miraban hacia donde yo estaba. Porque yo acababa de invisibilizarme. Lo recordaba perfectamente. Soy despistadillo pero no tanto. ¿Me habrían visto cuando me arreé contra la mesa? Espero que no. E inmediatamente repetí mi anotación mental: “ser discreto, ser discreto, SER D-I-S-C-R-E-T-O.”

Parece que la calma regresaba al aula. La maestra tornaba a su mesa a buen paso y con cara de necesitar unas vacaciones. Yo juro que lo intenté (y prometo ser rápido en mis movimientos) pero, entre el canguelo de la sospecha de haber sido visto y lo veloz de la caminata de la maestra, no conseguí retirarme a tiempo. La pobrecilla tropezó con el mismo pinrel que quedó atrapado en el cilindro y fue trastabillando en un “parece que me caigo, parece que no” hasta que tomó apoyo en la pared negra del fondo y logró guardar el equilibrio y la compostura. La estruendosa carcajada fue silenciada de inmediato con un golpe seco de la mano sobre la mesa y las palabras:

-          ¡¡Examen sorpresa!!

Aquí es donde viene lo más interesante de mi inspección a la Tierra...

CONTINUARÁ...



(Nota final para los mayores: Aunque no lo pretendía, este relato me ha recordado a una novela del genial Eduardo Mendoza, “Sin noticias de Gurb”. Si no la habéis leído, es pecado. Y si después de esta recomendación no la leéis, no tenéis perdón.)




Un abrazo... Dulcemente.